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from Barceloneta

Hace ya varios meses de aquel excitante fin de semana en el que se cumplió una de mis mayores fantasías.

Mi novia Ana y yo habíamos quedado con Marcos y Sonia, una pareja que hacía unos pocos meses que conocíamos. Sonia era una chica preciosa, tenía un cuerpo delicioso, largas piernas, pechos perfectos, de esos que estando en tu mano solo sobresale el pezón, un culo hecho para llevar unos Levi’s 501… pero muchas veces tenía la seguridad de que era Ana, mi novia, quien más se fijaba en ella, y a su vez, aunque me pese, tenía la sensación de que Sonia la correspondía con las mismas miradas de deseo. Cierto es que nunca le di demasiada importancia, pues pensaba que como mujeres estaban siempre en continua competencia, y que quizás simplemente se fijaban en quien iba más a la moda o si, por los complementos que llevaban podían intuir quien de las dos se había comprado la última Cosmopolitan.

El caso es que habíamos hecho planes para pasar un fin de semana los cuatro. Nuestra intención era la de pasar unos días tranquilos en un camping de Motril. Yo tenía una tienda de campaña que, todo hay que decir, tan solo había utilizado una vez. La otra tienda que llevábamos pertenecía a Sonia.

Era ya viernes y cuando nos disponíamos los cuatro a poner rumbo a nuestro destino, Sonia, que iba sentada atrás en el coche con Marcos, dijo: "hay un pequeño problema". Yo pregunté "¿qué ocurre entonces?, a lo que ella me respondío "no tenemos tienda". Poco me faltó para llevarme por delante a un ciclista que circulaba justo delante. Más tranquilo volví a dirigirme a ella y esta le vez le pregunté qué es lo que íbamos a hacer, a lo que me respondió que tendríamos que arreglarnos con la nuestra, que seguro que entrábamos todos bien dejando las cosas en el coche. Claro, yo no dije nada en ese momento, en realidad nadie volvió a decir ni una sola palabra hasta una hora después, en la parada de rigor, para tomar café y evacuar los líquidos que ya no querían permanecer más en nuestro cuerpo. El viaje continuó de forma normal, incluso muy ameno, pero sin que nadie volviera a mencionar el tema de la tienda.

Por fin llegamos a nuestro destino. Montamos la tienda y sacamos del coche lo justo e imprescindible, y uno a uno fuimos entrando en lo que los próximos días sería nuestro hogar. Lo cierto es que no se estaba tan mal, pusimos las esterillas a modo de alfombra y utilizamos ambos sacos de dormir como si de una gran manta se trataran. La primera noche tenía a Ana a mi izquierda y a mi otro lado a Marcos. Sí, esa noche, porque la siguiente eran Sonia y Ana las que ocupaban el centro de nuestra austera suite. De madrugada me despertó algo que se me estaba clavando en la espalda. Tenía la tela de la tienda justo pegada a mi nariz, así que me di la vuelta buscando algo que parecía imposible, comodidad, y vi con asombró como Sonia acariciaba las tetas de mi novia, que en algún momento de la noche, tuvo que perder la parte de arriba del bikini azul que antes de perder la batalla con el sueño vi que llevaba puesto.

Con más detenimiento comprobé como Marcos hacía lo propio con su novia, y ahí estaba yo, contemplando a los tres, inmóvil, perplejo, sin ni siquiera pestañear y extrañamente excitado. Sonia seguía acariciándole las tetas a mi novia que hasta ese momento habían sido siempre mías. Marcos tenía su mano debajo del saco de dormir y a juzgar por los gestos y los leves jadeos de Sonia, imaginé que su mano debía estar ahora entre sus piernas, acariciando su coño. Yo cada vez estaba más excitado y seguía igualmente inmóvil, intentando decidir si me quedaba así, observando, o si me unía a la fiesta.

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En ese momento Ana se giró par mirarme, supongo que para comprobar si aún seguía dormido. Al ver que no era así, me miró fijamente a los ojos, esbozó una leve sonrisa, mientras a su vez sentí como su mano asía mi polla, que en ese momento no podía estar más dura. Sonia, al ver que yo estaba despierto y unido a ellos en esa excitante noche de sexo se alzó sobre sus rodillas y retiró los sacos de dormir que cubrían nuestros cuerpos. Tanto ella como Ana tenían los pechos descubiertos, tan solo un tango era la prenda que ambas llevaban puesta en ese momento. Al mirar a mi derecha vi que Marcos estaba completamente desnudo, su mano estaba agarrando su polla igual de dura que la mía. Sonia se agachó sobre ella y mirándome a mí directamente, pasó su lengua por el capullo, bajando por su polla hasta rozar con la lengua la mano de Marcos que seguía agarrándola. Sin casi darme cuenta sentí como Ana agarraba mi bóxer y poco a poco iba despojándome de él. Agarró mi polla con su mano derecha y agachándose sobre ella se la metió en la boca. Sentía como me la lamía, como su lengua jugaba con mi capullo, mientras ella y Sonia se miraban con gesto de complicidad.

Ana dejó de chupármela, se puso sobre mí y cogiendo mi polla, se la metió en su coño quedando sentada sobre mí, de espaldas. Veía su culo como subía y bajaba, tragándose mi polla cada vez que lo hacía. Estaba muy excitado, sentía como sus flujos se resbalaban por mis ingles. Sonia hizo lo mismo que Ana hiciera conmigo. Se sentó sobre la polla de Marcos, pero mirando hacia él, con lo que yo podía ver perfectamente como los labios de su coño se abrían mientras engullían la polla de su novio. Subía y bajaba sobre ella, su coño estaba completamente afeitado, tenía los labios gruesos y en ese momento muy sonrojados por la fricción. Ana estiró su mano hasta tocar el coño de su amiga.

Lo acariciaba despacio, buscando su clítoris con el dedo índice y con el meñique rozaba los huevos de Marcos. Sonia, con un mismo gesto, empezó a acariciar el coño de Ana. No podía verlo al tenerla de espaldas sobre mí, pero sentía el roce de su mano en mis huevos, y como en alguna ocasión eran mis pelotas las que centraban toda la atención de su mano, humedecida por los flujos de mi novia. Yo estaba apunto de reventar y por la cara y los movimientos de Marcos, tenía que estar igual que yo. Ana empezó a moverse más rápido, gimiendo con más frecuencia, síntoma de que estaba a punto de correrse.

A mi me costaba trabaja no hacerlo, pero quería que fuera ella quien se corriera antes, que lo hiciera sobre mí, empapando mi polla con sus jugos, siempre muy abundantes; y esta vez no era menos. Noté, mientras ella gritaba de placer, cómo el interior de su coño se iba encharcando, como esos flujos se resbalaban por mi polla hasta caer por mis huevos. A mi derecha vi como se corría Marcos, lo estaba haciendo dentro de Sonia, que no dejaba de moverse mientras él se retorcía debajo de ella. Ana se incorporó dejando libre mi polla que veía como salía empapada por sus jugos; la cogió con su mano y comenzó a masturbarme. Sonia se incorporó igualmente con lo que la polla de Marcos cayó casi flácida sobre su vientre, y del coño de ella salía un chorro de semen. Se acercó a nosotros y se arrodilló al lado de Ana mirando fijamente mi polla, esperando ver como soltaba yo mi leche. Acarició los pechos de Ana, bajó con su mano por su vientre hasta llegar a su coño.

Entonces metió los dedos en su interior y sacándolos completamente mojados se los llevó a la boca, chupándolos con deseo. Al sacarlos de su boca, mirando a Ana, le dijo "quiero más", pero esta vez, en lugar de meterle de nuevo los dedos, se agachó sobre mi polla metiéndosela en la boca, cubriendo mi capullo con sus labios, mientras Ana seguía masturbándome. Su mano golpeaba levemente los labios de Sonia al moverse sobre mi polla. En ese momento sentí como si un torrente recorriera mi polla desde los huevos. Mis piernas comenzaron a temblar, sin que yo nada pudiera hacer. El semen comenzó a salir brotando de mi polla, llenando la boca de Sonia. Mi leche caía por la comisura de sus labios sobre su mano, mientras no dejaba de chupármela y toda mi leche estaba sobre mi polla y sobre mi vientre. Su boca estaba llena de semen que dejaba caer pues no se había tragado nada. Luego dejó de chupármela, su cara estaba completamente mojada por mi semen. Ana estaba lamiendo su mano, recogiendo el semen que sobre ella había caído y a continuación, agachándose sobre mi vientre pasó su lengua por él llevándose toda la leche que tenía derramada sobre mi cuerpo.

Después, agotados, exhaustos, nos quedamos dormidos, desnudos y aún húmedos por nuestros fluidos mezclados sobre nuestros cuerpos…